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Vivimos tiempos recios. Quién nos iba a decir que tendríamos que estar en
casa confinados, que íbamos a tener que hacer frente común a un virus del
que la comunidad sanitaria sabe muy poco, que íbamos a hacerlo, además,
con esta tranquilidad y confianza en nuestra clase política, que íbamos a
seguir fielmente sus indicaciones aún sin el conocimiento pleno de lo que
verdaderamente está pasando. Y lo hacemos, pues entendemos que,
partiendo de la confianza que siempre debe haber en una relación, hay un
principio de sinceridad y de lealtad entre las dos partes. Sinceridad que
creemos debe ir acompañada de la posibilidad de expresarnos libremente.
Son tiempos excepcionales, como decimos. Tiempos donde la comunicación,
difícil siempre, lo es más ahora por cómo se produce, pero, tiempos, donde,
una de las pocas cosas que no han cambiado es esa libertad de expresión y
esos derechos a valores como la libertad de elección y la igualdad de todos
ante la ley. Pero…, nosotros tenemos la sensación de ser un colectivo que ha
cometido un delito, que ha sido sometido a un juicio donde no ha podido
defenderse y donde el fallo ha sido: culpable.
Y nosotros nos preguntamos, ¿culpables de qué?. ¿De elegir una enseñanza
para nuestros hijos que recoge la Constitución?, ¿de formar parte de un
grupo de profesores con titulaciones regladas y capacitados para impartir
docencia?, ¿de atender a un grupo de alumnos pertenecientes a clases
socioeconómicamente desfavorecidas?, ¿de no discriminar a nuestros
alumnos por su raza, religión o sexo?, ¿culpables de ser creyentes?,
¿culpables de no adoctrinar a nadie?, ¿culpables de atender alumnos
multirraciales y multiculturales?
Porque…, sinceramente, eso es lo que hacemos, y, sí, señores, en nuestras
aulas hay alumnado con dificultades económicas, alumnado con NEE
(trastorno del espectro autista, discapacidad psíquica, discapacidad auditiva,
graves trastornos de conducta, pluridiscapacidad… ). En nuestras aulas hay
alumnado chino, musulmán, español, hispanoamericano… Sí; aunque se
extrañen. Per o.., es más, nosotros sabemos que es eso lo que tenemos que
hacer, aunque, si desean saber cómo ha sido el proceso para que parte de
este alumnado esté en nuestro centro pueden ponerse en contacto con el
departamento correspondiente de la Consejería de Educación que seguro
estarán dispuestos a explicarlo.
Evidentemente, seguimos todas las indicaciones normativas y actuamos en
consecuencia, pero, se nos hace muy difícil explicar, a nuestros hijos y
alumnos, el motivo por el cual, en ocasiones, no cuentan con los recursos
suficientes de las Administraciones para hacer frente a sus necesidades y
que, presuntamente, y en nuestra humilde opinión, la razón sea (recalcamos
lo de presuntamente) la pertenencia a esta red de enseñanza concertada
reconocida en nuestras leyes. No entendemos, tampoco, la razón por la cual,
desde los poderes públicos, se nos excluye del reparto de ayuda ni tampoco
el criterio utilizado para dicho reparto y que este venga determinado no por
las necesidades de las familias sino por la pertenencia a uno u otro colectivo
(educación del régimen público y educación del régimen concertado).
No queremos que se nos trate mejor, queremos que se respeten nuestros
derechos, creemos , al igual que dicen los políticos, que hay que ayudar a las
clases más desfavorecidas y… ¿esas?, ¿no están en nuestras aulas…? Que
se acuerde el reparto de tarjetas de conectividad para todos los centros de
San Martín del Rey Aurelio en la Comisión de Portavoces del Ayuntamiento y
que lo publicado en prensa (Lne) sea el reparto de las mismas a los colegios
públicos ¿a qué es debido? Que se nos pida desde la Consejería información
sobre este tipo de alumnado y que la decisión desde la misma para dicho
reparto sea primero a los alumnos de la enseñanza pública y luego a los de la
enseñanza concertada (¿será si quedan recursos?) en lugar de que el criterio
sea por necesidades, ¿cuál es la causa?.
¿Por qué existe esa discriminación para con nuestros hijos y alumnos?
No somos un colegio elitista. Nuestro centro no está, desde el punto de vista
económico, en una zona especialmente favorecida, realidad que todo el
mundo puede constatar y hay familias que forman parte de esa realidad. De
hecho Ayuntamiento y Consejería de Educación ya lo tienen constatado.
No obstante, lo dicho anteriormente, tenemos a nuestro alcance dispositivos
electrónicos para nuestras hijos y alumnado que ha sido fruto de un trabajo
realizado a largo de muchos años. Camino que ha ido acompañado de
miedos y dudas cuando se tomó la decisión de utilizar libros digitales. Miedo
a que la formación de nuestros hijos y alumnos se viera afectada
negativamente. Miedo a no poder estar a la altura como padres y profesores
en el acompañamiento de nuestros hijos y alumnos en la
enseñanza-aprendizaje con estas nuevas metodologías. Miedos todo ellos
naturales y comprensibles pero también llenos de confianza, confianza en
nuestros alumnos e hijos y en nuestros profesores y padres y eso es lo que
ahora nos ha permitido adaptarnos con una facilidad relativa a esta nueva
situación.
Pero también es verdad que hay quien no tiene acceso a estos recursos y
que contamos para ello con el apoyo y solidaridad de familias, AMPA,
comunidad de hermanas y profesores, pero, eso no puede excluirnos ni de
las comunicaciones con los organismos públicos ni mucho menos excluir a
nuestro hijos y alumnos de los recursos por ellos ofertados.
Entendemos que esta no es la sociedad que se preconiza, pues, este tipo
de comportamientos no suman. Esperemos no tener que desmentir el
mensaje viralizado #deestasaldremostodosjuntos y confiamos en que
nuestros políticos van a saber estar a la altura, van a responder a sus propios
principios de atención a los más desfavorecidos para que todos vivamos en
una sociedad más justa e igualitaria.

Profesores, AMPA y E. Directivo del Colegio Sagrada Familia de El Entrego.